Como todas las cosas que se esperan durante mucho tiempo, ya ha pasado, como un rayo, la actuación de Seis Juanes en San Lorenzo del Escorial. Charo López nos contrató, una mujer guapa, alegre y simpática, es decir: una mujer inteligente. Charo es una persona muy importante dentro la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid. Es por eso que cualquier alabanza es poca. Bromas aparte, Charo es una mujer agradabilísima.
Con una pisada de acelerador nos plantamos en el Hotel Galaico de… ¿dónde estaba este hotel? La geografía se vuelve densa y borrosa cerca de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona. ¡Ah! ¡Sí! Estaba en Collado Villalba… más o menos. Vamos a cenar a un restaurante norteamericano del centro comercial que hay junto al hotel. Me gustan mucho los centros comerciales, siempre me dan la sensación de estar enmedio de una ágora ateniense actualizada. Los reyes de los centros comerciales son los yankees, como siempre. Ellos los llaman “the Mall”. La cena me hace recordar mi estancia en el paraíso, quiero decir en los EE.UU. Mi señora y yo hicimos una estancia bastante larga hace unos cuántos años. Allí tuve la oportunidad de escribir el proyecto de los Seis Joans que el TNC coprodujo un año después, y gracias a esta tierra de oportunidades ahora teníamos la oportunidad de comer una hamburguesa en el “Mall” de Collado Villalba. El círculo metafísico se cerraba.
Las seis horas de furgoneta me han dado una paliza y me echo en la cama molido y deshecho. El hotel tiene las paredes de papel de fumar. La intimidad es grotesca. Gracias a Dios la noche pasa rápidamente, como todo en esta vida, y llega la hora del café. Subimos a la furgoneta para llegar al teatro y sale el sol. No hay nadie a la carretera, es domingo y sale el sol. La cruz de Valle de los Caidos resplandece madrugadora. Curiosamente en Catalunya todo está a punto para el simulacro de referéndum independentista. San Lorenzo del Escorial es un pueblo con aires de balneario aristocrático. Vemos el Monasterio pero pasamos de largo, nos esperan a las 9 en el inmenso cubo blanco del teatro. Parece que estas tierras son propensas a la megalomania. El teatro es cómodo e industrial, del tipo central nuclear. Un buen equipo de técnicos, trabajadores y con buen humor, nos facilita el trabajo. Me doy cuenta que la mayoría de técnicos de la Comunitat de Madrid con los que he trabajado tienen este talante. Debe de ser una consecuencia natural del cocido. El idioma de los jóvenes madrileños todavía está vivo. Son gente creativa que hace de buen escuchar, especialmente cuando hablan de “Majas” (vestidas y desnudas).
Pido al jefe técnico por el Maestro, que dirige este teatro. Me dice que no està y se lamenta del natural centralismo de “Los teatros del Canal”. Después me enseña la sala grande y tengo que sentarme en el suelo para no caer del mareo. ¡En la caja escénica de la sala grande se podría construir el Apolo XIII! Volvemos a nuestra sala pequeña y una lampara quema unos cables. Esto me hace correr en el último momento. Finalmente lo tenemos todo a punto por empezar… excepto el público. Hoy hace sol y sólo se han vendido 60 entradas. Charo está preocupada y yo también. ¡El teatro es una afición tan superficial, tan prescindible! Charo me dice que han tenido un invierno muy duro, que ha hecho mucho frío y que cuando parecía que la cosa iba a durar por siempre jamás, hoy ha salido el sol. Los padres y las madres lo tienen claro: las familias hacen saltos de alegría ante las ventanas dominicales. Los niños se calzan con unos buenos calcetines para correr todo el día bajo las encinas de la Sierra de Madrid. Mientras que, por el momento, sólo hay una pobre mujer con su hijo sentada en el solitario patio de butacas. Faltan cinco minutos para empezar. Charo sonríe y dice que le sabe mal por nosotros. A mí me sabe mal por ella y su inmenso teatro.
En el último momento la cosa se anima y llegan dos o tres riadas de gente que llenan, casi, media platea. Hacemos una buena función. El público calla, obsesivo. Aplausos fuertes, alabanzas contundentes. Agradecimiento madrileño. Charo está satisfecha. A mí me sabe mal no haber hecho la actuación unos meses antes cuando todavía nevaba y hubiéramos llenado el teatro. Ahora la temporada ya se acaba y quedan pocas actuaciones. Con la llegada de la primavera el teatro es una cosa rara. No siempre ha sido así. En la época de los griegos, de Shakespeare, o de Lope, el teatro era solar. ¿Qué ha pasado? ¿Es el automóvil? ¿Es la televisión? ¿O es el teatro?
Me gustaría hacer un teatro solar. Un teatro que hiciera venir la gente tanto en invierno como en verano. Un teatro dónde no hubiese ninguna duda de calor vital. Un teatro alimenticio, necesario. Pero bueno, la debilidad es total. La invisibilidad, absoluta. Aspirar a la fama es una vanidad ridícula pero sí me gustaría aspirar a que la gente pensara que los espectáculos de La compañía del príncipe Totilau son fiables como un coche alemán. Esto, como siempre, es aspirar demasiado.
Un proceso de creación de un espectáculo es un proceso frágil y que se debe planificar muy bien para no estar agotado en el momento de la batalla decisiva de los ensayos. Esto lo debo tener muy en cuenta para el próximo espectáculo de la compañía. Un espectáculo que, si Dios quiere, se llamará “Caballito de cartón” y que escenificará poemas para niños muy pequeños ( a partir de tres añitos). En otoño se estrenará. Ya os iremos informando…
Hoy llueve en los jardines de la reina Rosamunda, la residencia primaveral del príncipe Totilau. Es un día de descanso tras la paliza de la actuación. Mis brazos me hacen preguntarme: ¿Durante cuando tiempos podré hacer este trabajo de camionero? En este día de descanso me he abandonado a uno de los mejores placeres que existen: la lectura. Leo largamente en un día de lluvia. Leo Nietzsche ante la ventana. El libro es “Más allá del bien y del mal”. Este libro es muy agradable en primavera. El señor Nietzsche va dando golpes de bastón a diestro y siniestro y se debe vigilar un poco para no recibir uno cuando, por descuido, levanto la vista hacia el silencio verde de los campos. Hoy llueve. El cielo se vacía alargando la tarde. Si fuera un mal escritor diría poéticamente:”Los ojos ven como se multiplica el beso sobre la tierra en la percusión monótona de la lluvia. El agua improvisa un río encima del camino. Se funde una gassa densa entre las montañas. Un fulgor de plata recorre las hojas del almendro y después, cansado, suena un trueno solitario. La pupila se tensa.”
Mi hija duerme mientras llueve. Mi señora cocina, ha recogido las primeras habas del huerto y prepara una sinfonía para mañana. Abro una de las últimas naranjas del año y me doy cuenta que la tranquilidad se ha impuesto razonablemente. Las preocupaciones laborales del invierno han ido pasando. Cuando en el inicio de temporada se anota en la agenda las fechas comprometidas del calendario laboral, a veces se tensa una red que parece imposible de franquear. Y ahora, que ya ha pasado casi todo, uno se da cuenta que no había para tanto. Ya sólo queda la Feria de títeres de Lleida, los ensayos de L’Auditori para “Wimoweh”, 4 bolos más, continuar desarrollando el proyecto “Petruixka” para el Gran Teatro del Liceo, y preparar “Caballito de cartón” para este verano, poca cosa…
¡Dicen que mañana saldrá el sol y el sol sale para todo el mundo! ¡Así pues, a trabajar!
¡El Carro de Febo! ¡También conocido como “El sol”!
¡Hasta pronto!










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